Los secretos del triángulo sorpresa: quién es el dínamo, el indetectable y el voraz

Mundial Qatar 2022 14 de diciembre de 2022
Enzo Fernández, Alexis Mac Allister y Julián Álvarez hace menos de un mes eran piezas de recambio y hoy son pilares de la selección

Siempre hay espacio para las sorpresas, para los imponderables, para los retoques fuera de libreto. En ocasiones arruinan el plan, y en otras, abren una puerta impensada que trae las soluciones. La Argentina finalista lo resume, un buen ejemplo para la imprevisibilidad del juego. El fútbol se ríe de las sentencias, mejor desconfiar. Esta selección argentina 2022 es la reinvención de Lionel (Scaloni).

Para Alejandro Sabella, Brasil 2014 era el Mundial de ‘Los 4 Fantásticos’ y terminó siendo la Copa de ‘Mascherano y los guerreros’. Sorprendió el entrenador cuando cortó a Éver Banega casi arriba del avión rumbo a Río de Janeiro, y mucho más llamó la atención con la formación del debut ante Bosnia. Duró un tiempo nomás, en el vestuario hubo rápidas correcciones y ese planteo no volvió más. En el tránsito a la final desaparecieron progresivamente Hugo Campagnaro, el ‘Pájaro’ Fernández, Maximiliano Rodríguez y Gago, y crecieron Martín Demichelis, Lucas Biglia, Enzo Pérez y Ezequiel Lavezzi. No estaban en la estrategia original, pero ofrecieron las respuestas que demandaba el momento. Eso no es casualidad, ni suerte, ni el toque de una varita mágica.

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En el fútbol hay instantes fundacionales y otros providenciales. Monedas al aire que se vuelven una lotería. La historia de la selección hubiese sido otra sin la corajeada de Daniel Passarella ante Perú en 1985. Y la cornisa se asomaba hasta que Martín Palermo calmó el temporal ante el mismo adversario en 2009. Y si Alejandro Sabella no le ganaba a Colombia en 2011 –y perdía cuando promediaba el segundo tiempo–, su ciclo probablemente se acababa. Y Lionel Scaloni estuvo a menos de media hora de ingresar en un tembladeral, pero lo salvó Franco Armani. Su Argentina había perdido con Colombia en el debut de la Copa América Brasil 2019 y empataba 1-1 con Paraguay en la segunda fecha. Penal para los guaraníes, y el potencial 2-1 eliminaba al conjunto albiceleste. El arquero de River, que justamente no es un especialista en los penales, desvió el remate. Scaloni y una nueva oportunidad que supo aprovechar.

Y precisamente Scaloni, generalmente rápido para rectificar propias equivocaciones, encontró certezas en la profundidad del plantel. Hay méritos, aprendizaje. Porque operar en la emergencia obliga a afirmar el pulso. Hace cuatro años, Jorge Sampaoli llamaba a Enzo Pérez, que estaba de vacaciones en Río de Janeiro, para reemplazar al lesionado Lanzini y se convertiría en titular. Abría la Copa en Rusia con Eduardo Salvio de N° 4 y luego cambiaba por Gabriel Mercado, y entraba Maximiliano Meza y salía Cristian Pavón. Atajaba Willy Caballero y lo sustituía Franco Armani. Mientras que el puesto del Nº 9 era para ‘Kun’ Agüero, más tarde de Higuaín y terminaría jugando sin centroatacante con Francia, o con Lionel Messi de falso 9. Los cambios, sin el respaldo de la convicción, naufragan.

 
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Scaloni tenía todo resuelto rumbo a Qatar ya desde finales del año pasado, cuando se aseguró la clasificación en un empate sin goles con Brasil, en San Juan. Nada podía arrojar más certezas que tener resuelto el equipo. ¿Garantizaba todo? Claro que no. Y Qatar lo certificó. Se lesionó Gio Lo Celso y Scaloni creyó en ‘Papu’ Gómez en el debut, pero apareció Alexis Mac Allister. Lautaro Martínez era el Nº 9 indiscutible, hasta que perdió la titularidad ante el irreverente empuje de Julián Álvarez. Enzo Fernández habitualmente ocupó el espacio de Paredes y se convirtió en una pieza indiscutible, tras una irrupción meteórica en Europa. El triángulo increíble: el inteligente dínamo de Enzo, el sacrificado pacto con el gol de Julián y el indetectable Alexis, el fantasma perfecto: socio para el toque, sombra para la descarga, refugio ante la presión rival.

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